Tras una larga campaña, los trabajadores de Inditex, grupo multinacional propietario de la empresa de moda Zara, han conseguido finalmente el derecho a finalizar su jornada laboral los viernes a las 15 horas, así como también el derecho a optar por trabajar en turno de 9 a 18.30 o de 9.30 a 19 horas, y además se les han dado opciones de transporte. Sin duda, un hito para los empleados de la multinacional española, pero que apenas refleja la creciente tendencia a la flexibilidad de horarios ya muy extendida en muchos sectores.

Empresas como por ejemplo Microsoft han ido mucho más lejos, demostrando que una semana de cuatro días y un fin de semana de tres días dan como resultado mayor productividad, mayor satisfacción laboral y menores costes energéticos. En resumen, trabajar menos horas parece aumentar la productividad.

En muchos casos, la reducción de la semana laboral a cuatro días y el mantenimiento del mismo salario es el resultado lógico de la productividad superior de los robots. En otros casos, esto refleja la necesidad de reducir las emisiones en respuesta a políticas medioambientales más estrictas, y en otros, simplemente para reducir el estrés. De una forma u otra, incluso los líderes empresariales que han defendido el infame 996, horario laboral de 9 de la mañana a 9 de la tarde durante seis días de la semana, ahora suponen que pronto estaremos trabajando 12 horas a la semana. La idea de trabajar menos horas de forma más productiva y reducir el impacto ambiental se está imponiendo en el mundo de los negocios.

El creciente reconocimiento de los beneficios de una semana laboral más corta coincide con otra tendencia: el trabajo desde casa. A medida que las tecnologías de conectividad mejoran y el ancho de banda se amplía a 5G, la creación de equipos virtuales que permitan a las personas trabajar desde donde quieran es una forma de atraer y retener el talento, de reducir el estrés y la baja productividad asociados a los desplazamientos, y de ayudarnos a definir y adaptar nuestro horario laboral. Detrás de todo esto está la idea de que si necesitas ponerte el despertador para marcar cuándo debes trabajar, algo va mal: nuestro reloj corporal no está sincronizado, lo que reduce nuestra productividad potencial. Por tanto, permitir que la gente trabaje desde casa mejoraría la productividad, aumentaría la satisfacción laboral y reduciría las emisiones de gases de efecto invernadero.

La relación de muchas personas con el trabajo va a cambiar radicalmente en los próximos años. ¿Por qué nos aferramos a las políticas creadas durante la revolución industrial cuando los tipos de trabajos que realizábamos eran bastante diferentes y dependían, por ejemplo, de la disponibilidad de una determinada máquina o de la necesidad de coordinarnos y comunicarnos en persona? ¿Por qué los jefes siguen prefiriendo casi unánimemente ver a sus empleados entrar y salir a una hora determinada? ¿Por qué obligar a alguien a sufrir un atasco de tráfico o a sujetarse de una correa en el transporte público durante más de dos horas al día cuando podrían utilizar ese tiempo de forma más productiva trabajando desde casa? Cuando la tecnología nos permite trabajar de forma más efectiva desde cualquier lugar, mantener hábitos anticuados simplemente «porque siempre lo hemos hecho así» es bastante estúpido. Hay alternativas. Y muchas de ellas pueden no solo ser una buena idea, sino también una forma de ayudar a mejorar muchos otros asuntos.

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Fuente: https://www.forbes.com/sites/enriquedans/2019/11/06/why-are-so-many-of-us-still-working-as-though-this-were-the-lastcentury/#587814974db5